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La Espía de Historias

¿Muchas veces me he preguntado qué soy? ¿Por qué me tocó vivir este momento de la historia?  Desde muy pequeña podía mirar las fotografías antiguas, era como si ellas me estuvieran dando mensajes, pero no lo entendía.  Por más que trataba de descifrar ese sentimiento extraño, no conseguía saber qué era.  Admito que he pasado parte de mi vida sin encajar en esta época.  Velando tiempos añejos que no viví.  Expresarlo de esta manera me daba vergüenza porque tenía miedo, así como he tenido muchos miedos en toda mi vida.  Miedo al rechazo, miedo a ser rara, miedo a no ser suficiente.  Mi mejor autodefensa fue el silencio, callé todas las ocurrencias que pasaban por mi mente. 

Desde muy pequeña aprendí lo que era la soledad.  Mi madre trabajaba mucho y a mi padre casi no lo veía.  No tengo hermanos por parte de madre y toda mi gran familia se quedó en Chiriquí.  Entonces desde muy pequeña meditaba sobre lo que me decían, -“tienes un Ángel de la guarda muy grande.”  En mi mente empezaba a dar el rostro a ese Ángel, quien parecía frente a mí, diciéndome, -“Somos dos y tenemos turno de trabajo.  Yo te atiendo de 5 de la mañana a 6 de la tarde y mi compañero que le gusta estar despierto te atiende toda la noche. 

Recuerdo que una vez fui a Costa Rica con mi madre, creo que tenía 5 años y en pleno camino el auto se averió.  Uno de los Ángeles, vestido como yo, con pantalón corto, t shirt y medias de deporte a la rodilla y zapatillas, pero con alas se bajó.  Miraba detenidamente al hombre que revisaba el carro y luego se subía para explicarme lo que pasaba: – “no te preocupes, el daño es serio, pero llamé a Alan el ángel que se encarga de los temas vehiculares.  Es mejor que venga para no pasar aquí la noche y ponerte en peligro.”  Cuando llegó Alan, el otro Ángel comenzó a hablar Groserías:  -“carajo pero es que estos chiricanos no saben nada de carros. Yo también tengo cosas que hacer para venir a atender esta vaina. -¡cállate que la niña se va asustar y nos pagan para atenderla bien! -tanta gente del carajo y han depositado a esta chiquilla con los más boboletos.  -¿oye qué te pasa? -a mi nada, pregúntale al mogo que no da con el daño del carro.  Solo le está haciendo ojitos a la mamá de tu clienta.” Yo me asomaba y veía al conductor hablar con mi madre que en ese tiempo tenía unos 30 años.

“-Ayúdanos porque no quiero pasar la noche aquí, menos con Thatiana, recuerda que ella debe llegar lejos” -¿a dónde me van a llevar? Los Ángeles se miraban y hacían gestos como si no hablara con ellos. -“tú tranquila mi niña, estamos empezando este camino vamos a llegar bien y este viaje aburrido y horroroso se va a acabar pronto.”  -así fue, el auto se arregló y llegamos a nuestro destino antes del anochecer, ah y fue un viaje bien aburrido.  Cuando hubo cambio de Ángeles me atreví a preguntar si eso que sentía dentro de mi era normal.  El Ángel acomodaba sus alas y se recostaba en mi almohada. -“bueno la verdad no lo es, pero no es nada de qué preocuparse.  Es normal no encajar, es normal sentirse así de otra era, pero cuando pasen los años comprenderás mejor.  Solo siente y todos esos registros en tu mente se convertirán en historias, historias   que algún día vas a contar.” 

Mi madre y yo nos mudado a la capital en busca de una mejor educación para mí.  Extrañaba mucho a mi familia.  Mi madre trabajaba en un hospital, vivíamos con una doña amargada que me regañaba en las noches por no querer dormir con la luz apagada.  Un día hice mi maleta, me puse el abriguito que me había regalado mi abuela  y me salí de aquella casa espantosa.  Esperé a mi mamá en la entrada del edificio toda la noche.  Tenía miedo, pero el Ángel me acompañaba, tratando de convencerme que volviera a la casa.  Entonces me dijo:  -“Tienes que acostumbrarte al miedo, vamos   a mirarlo a los ojos y de tanto verlo se volverá tu amigo.” 

El tiempo pasó y creo que la terrible adolescencia, cambió los ángeles por amigos y experiencias.  Han pasado más de 30 años, muchos más, y cada palabra de mis Ángeles de la guarda se han convertido en realidad.  Una de las últimas preguntas que les hice fue si pertenecía a esta época.  Uno de ellos contestó: – “Tú perteneces a la época que tu corazón dicte, vívela y deslumbra al mundo.”  Ese día me despedí de Lita y de Natividad.  Nunca más los he visto, pero en su honor dos de los personajes  principales de mis novelas llevan su nombre…Esta historia continuará.

6 comentarios en “La Espía de Historias

  1. Me encantan tus relatos. Este Block siempre me pide registrarme, aunque ya lo haya hecho. Será que no reconoce al que está registrado?

    1. Alvaro
      Mil gracias.

      Vamos a revisarlo.

      Saludos
      Thatiana

  2. ¡Me encantó!

    1. Carmen
      ¡Gracias!

      Saludos
      Thatiana

  3. Que hermoso recuerdo de tu niñez Thatiana!! Pienso que Lita y Nati nunca se llegaron a ir de tu lado. Gracias por compartirlo. Bendiciones abrazos❣️

    1. Gracias Vilma.
      Tía Lita y Nati son parte de mi.

      Un abrazo
      Thatiana

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